La provincia de Alicante, un destino preferente para el turismo residencial.

Puerto de Alicante

Ya sea para comprar una segunda residencia, invertir para alquilar o, sencillamente, cambiar nuestro domicilio para vivir junto al mar, la costa alicantina se ha convertido en uno de los destinos más interesantes y que más crecimiento está experimentando en los últimos años, sobre todo en la vivienda de alto standing y medio nivel.

Si bien el mercado de la vivienda de lujo junto al mar lo continúan encabezando la costa del sol malagueña y las Islas Baleares, la costa alicantina está llamando la atención de este tipo de compradores porque ofrece primeras calidades a un precio más atractivo que los destinos tradicionales del sector. A todo esto hay que añadir localizaciones de ensueño, con vistas panorámicas que mezclan la naturaleza y el mar, y una infraestructura de servicios orientada al sector turístico construida y consolidada desde hace décadas.

La mayoría de viviendas que se compran en la Costa Blanca alicantina, cuenta el periódico Alicante Plaza, son segundas residencias. En concreto, el 83% de las viviendas que se venden en Altea, Calpe y Moraira. El perfil del comprador está bastante equilibrado. Con una cantidad parecida entre compradores nacionales e inversores extranjeros, donde destacan nacionalidades como Alemania, Holanda y Reino Unido.

Nuevas opciones como la venta de chalets de lujo ubicados en el interior de campos de golf, localizados cerca del mar, han triunfado en ciudades como Alicante y Orihuela. Urbanizaciones de obra nueva, situadas en las inmediaciones de los núcleos urbanos, están teniendo un notable éxito en localidades como Altea y Moraira. La provincia de Alicante se ha preparado para recibir un turismo residencial de calidad, ofreciendo al comprador un abanico variado de opciones para que pueda escoger aquella que mejor se adapta a su estilo de vida.

Analizamos este curioso fenómeno inmobiliario, deteniéndonos en las ciudades que más están atrayendo a los compradores.

Alicante en el turismo de alto standing.   

La Comunidad Valenciana es uno de los destinos turísticos por excelencia. La playa de Gandía y Cullera, en Valencia, son las playas más cercanas a Madrid y a su área metropolitana. Por lo que desde los años 60 ha sido el lugar preferido por los madrileños para veranear. Muchos de ellos tienen segundas residencias en estos lugares.

Esta orientación al turismo nacional y popular ha desarrollado una explosión urbanística descontrolada que alcanza su máxima explosión en Benidorm. Un fenómeno del que se hace eco hasta la BBC británica. Que cuenta cómo Benidorm ha pasado de ser un pequeño pueblo pesquero de unos 3.500 habitantes a principios de la década de los 60 a una urbe de más de 74.000 habitantes censados en la actualidad, alcanzando picos de población algunos veranos que superan las 400.000 personas.

En la Comunidad Valenciana, algunos habitantes oriundos de la costa se quejan del turismo masificado y de que la afluencia de turistas nacionales no deja un beneficio económico equiparable a su proporción. “Turismo de paseo y de pipas” le llaman en Cullera.

Por lo visto, el norte de la costa de la provincia de Alicante, y Alicante capital también, en cierta medida, ha aprendido de esta situación y se están desarrollando por otra vía. Un turismo más orientado a un visitante con alto o medio poder adquisitivo, al cual se le da la oportunidad de comprar vivienda allí, para que contribuya a la economía local de una manera más o menos estable.

Separándose un poco de ese turismo de masas, del que tanto se quejan algunos valencianos, y apostando por un modelo turístico más rentable y más cualitativo. Lo vemos en los siguientes ejemplos.

Denia.  

Dénia se ha consolidado como uno de los grandes referentes del turismo residencial de medio y alto standing en la Costa Blanca. Esta localidad alicantina ostenta oficialmente el título de la ciudad española de menos de 50.000 habitantes que más visitantes recibe al año. Durante el mes de agosto, su población pasa de los 47.261 vecinos empadronados a superar ampliamente los 200.000 residentes, un fenómeno que demuestra la solvencia de su infraestructura urbana y la solidez de sus servicios públicos.

Esta capacidad operativa permite a los residentes disfrutar durante el resto del año de las prestaciones propias de una urbe de más de 100.000 habitantes, pero conservando la tranquilidad y calidad de vida de un municipio pequeño. En los últimos tiempos, Dénia, junto a otros enclaves emblemáticos de la comarca de la Marina Alta como Jávea o Altea, ha experimentado un notable auge en la construcción de villas exclusivas y promociones de lujo. Esta transformación del parque inmobiliario ha elevado de manera directa los estándares de excelencia de la zona, atrayendo un perfil comprador más exigente e impulsando una oferta comercial y de ocio de primer nivel.

Un claro ejemplo de este estatus refinado se encuentra en su alta gastronomía. Dénia destaca por albergar tres establecimientos reconocidos por la prestigiosa Guía Michelin: el afamado restaurante de Quique Dacosta, galardonado con tres estrellas Michelin; el restaurante Peix & Brases, galardonado con una estrella; y El Raset (anteriormente vinculado a proyectos como El Carreter), cuya cuidada propuesta gastronómica ha conquistado a la crítica internacional, como señala el periódico local Denia.com.

Jávea.

A tan solo 13 kilómetros de distancia de Denia por carretera tenemos el municipio de Jávea, que se ha convertido en un referente del mercado inmobiliario de lujo en la zona debido a sus chalets y villas exclusivas, ubicadas en enclaves bendecidos por unas vistas inigualables como el Cabo de San Antonio, situado frente a las costas de Ibiza.

Jávea, o Xàbia, en valenciano, es una de las poblaciones más bonitas de la Costa Blanca de Alicante. A sus playas y calas de ensueño se suman espacios de incalculable valor ecológico, como el Parque Natural del Montgó y la Reserva Marina del Cabo de San Antonio. Su propuesta se completa con un histórico puerto pesquero con orígenes en el siglo XV, una rica tradición cultural y una distinguida gastronomía local, todo ello favorecido por un clima privilegiado que garantiza temperaturas agradables durante casi todo el año.

Para disfrutar al máximo de una visita o estancia en esta hermosa localidad, es recomendable organizar un itinerario que combine sus tres grandes escenarios: el casco histórico de trazado medieval, el dinámico barrio marinero junto al puerto y su litoral costero. El recorrido ideal invita a perderse durante la mañana por la arquitectura tradicional de sus calles interiores, degustar la cocina marinera frente al puerto a mediodía y reservar la tarde para explorar sus miradores y acantilados.

Uno de los grandes atractivos que ha consolidado a Jávea como enclave de referencia para el turismo residencial son sus magníficas playas y encantadoras calas. Salpicadas a lo largo de toda la bahía, estas entradas de mar destacan por albergar aguas serenas y cristalinas, ideales para el descanso y la práctica de deportes náuticos.

Entre sus rincones marinos más emblemáticos sobresale la Cala Granadella, conocida internacionalmente por sus fondos de grava blanca y aguas turquesas. Así como la pintoresca Cala Portitxol (o Barraca), famosa por sus tradicionales casitas de pescadores con puertas azules, y la Playa del Arenal, el único arenal urbano del municipio, delimitado por un amplio paseo marítimo.

Jávea tiene una población extranjera estable, compuesta principalmente por ciudadanos de origen alemán y británico, por lo que podemos decir que es conocida a nivel internacional. Sin embargo, para comprar o alquilar una vivienda, los lugareños recomiendan apoyarse en agencias inmobiliarias locales, por su conocimiento directo del terreno. Julio, por ejemplo, gran conocedor de la zona, me comenta que compró un chalet en Jávea con la intermediación de Lyt Properties, una inmobiliaria con más de 15 años de antigüedad, que opera principalmente en Jávea y en la población cercana de Gata de Gorgos y que se caracteriza por un conocimiento profundo del mercado inmobiliario local.

Altea.

Altea es otro de los parajes con encanto ubicados en la costa norte de Alicante. Una ciudad con historia, en cuyas inmediaciones se han levantado urbanizaciones exclusivas aprovechando la belleza del paisaje y la tranquilidad de la zona. La página web oficial de turismo Comunitat Valenciana resalta que Altea es uno de esos lugares que se quedan clavados en el corazón.

Sus icónicas casas blancas y sus cúpulas azules de cerámica, coronando edificios religiosos, le han valido el sobrenombre de “la cúpula del Mediterráneo”.

Su recorrido principal invita a explorar el Conjunto Histórico del Baluarte y Recinto Renacentista. Pasear desde el Portal Vell hasta el Portal Nou permite admirar restos de murallas, viviendas de los siglos XVIII y XIX y espectaculares miradores hacia el mar. El punto culminante del casco antiguo es la Plaza de la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora del Consuelo, reconocible por sus célebres cúpulas de tejas cerámicas azules y blancas.

Hacia la costa, Altea ofrece singulares playas de grava como Cap Negret o Mascarat, además de la playa de la Olla con su pintoresco islote accesible en kayak. Su amplia oferta náutica, distribuida entre tres puertos deportivos, completa una propuesta turística de alta calidad, así como un entorno de ensueño para vivir.

Calpe.

Calpe ya era un destino turístico en los años 80. Con el emblemático Peñón de Ifach, un peñasco natural de tierra caliza ubicado frente a la playa, como referencia. En las últimas décadas ha sabido virar su oferta turística hacia un mercado más exclusivo. Mediante la construcción de chalets, villas y apartamentos, con servicios comunitarios de calidad, ubicados a pocos metros de la playa, que se han vendido en su mayoría como segundas residencias. A su vez, ha habilitado un gran parque comercial donde están presentes las principales cadenas de hipermercados sectoriales para prestar un buen servicio a residentes y visitantes.

Además, como explica la web municipal Calpe, la ciudad ha sabido crear una nutrida e intensa agenda cultural que incluye rutas teatralizadas, exposiciones de arte al aire libre y festivales internacionales de música y danza como el Festival Internacional de Música de Otoño, que incluye espectáculos como El Art Tango Ensemble, un montaje escénico que hace honor al tango argentino.

Quizás los chalets de Calpe no tengan el pedigrí de las villas de Denia, Jávea y Altea, pero podemos afirmar que este municipio alicantino ha sabido crear un ecosistema agradable que atrae las miradas de muchos compradores que piensan en la costa mediterránea española como un lugar en el que vivir, aunque solo sea durante unos meses al año.

Moraira.

Terminamos esta lista con Moraira, uno de los enclaves que mayor crecimiento ha experimentado en los últimos años en lo que se refiere a la construcción y venta de viviendas de lujo. Mucho más pequeñas que sus ciudades y pueblos vecinos, Moraira solo tiene censados 1212 habitantes. Ni tan siquiera es un municipio independiente. Está adscrito al término municipal de la Teulada, un pueblo de la Marina Alta. Sin embargo, ha sido escogido por los inversores que desean comprar en la comarca y que andan buscando espacios más tranquilos y menos habitados. Como señala el periódico “Alicante Plaza”, Moraira es uno de los lugares en los que más ha aumentado el precio de la vivienda de lujo en la provincia de Alicante. Pudiendo encontrar allí propiedades que superan el millón de euros para superficies que oscilan entre los 251 y los 326 metros cuadrados.

Clima, cultura y naturaleza.

Si la costa alicantina, o al menos una parte de ella, ha logrado reorientarse hacia el mercado inmobiliario de lujo, consolidándose como uno de los destinos más interesantes, es porque, sin duda, ha sabido sacarle el máximo partido a sus propios recursos.

Alicante, en su conjunto, es uno de los lugares más agradables en los que vivir dentro de la península ibérica. Un sol radiante durante todo el año. Una temperatura media de 18-19 °C y una combinación interesante entre playa y montaña rodeada de bosque mediterráneo.

A todo esto hay que añadir su rica cultura y sus tradiciones. Con fiestas populares que reivindican su historia, como las fiestas de Moros y Cristianos.

La provincia de Alicante, o al menos una parte de ella, ha sabido venderse y poner precio al tesoro que tenía, colocándolo al alcance de los que se lo pueden costear.

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