Reducir la huella de carbono, la elaboración de informes de transparencia medioambiental o potenciar la economía circular son algunas de las acciones que están realizando muchas empresas. En un momento en el que la preocupación por el cuidado del planeta va en aumento, la responsabilidad de las empresas en temas medioambientales adquiere una nueva dimensión.
Todo este fenómeno se está dando ante un indudable aceleramiento del cambio climático. Lo estamos viendo en la proliferación de los incendios forestales de sexta generación. Incendios que, debido a las altas temperaturas, las variaciones del viento y el abandono de las zonas rurales, son cada vez más devastadores y difíciles de apagar.
En enero del 2016, la Asamblea General de la ONU aprobó la Agenda 2030. Que marca una hoja de ruta para transformar la manera de producir en todo el planeta con la mirada puesta en la próxima década. Entre algunos de sus objetivos en materia de medioambiente se encuentran reducir la dependencia de los combustibles fósiles y su sustitución por fuentes de energía limpias y renovables. O reducir a la mitad el desperdicio alimentario a nivel mundial.
Por primera vez en la historia, la economía sostenible es realmente rentable. Más rentable de lo que ha sido nunca. Un estudio realizado por APPA Renovables subraya que las energías limpias en el 2024 aportaron al PIB español 15.000 millones de euros. Con todo el sector económico relacionado con la energía solar a la cabeza. Una actividad económica que no solo proporciona beneficios a fabricantes y empresas, sino que supone un ahorro para los consumidores de en torno al 40% de su factura eléctrica habitual.
Este es el marco en el que se está dando este aumento de compromiso de las empresas con el cuidado del planeta. Profundicemos un poco más en el asunto.
Los sectores que más contaminan.
El periódico La Vanguardia menciona a la energía, la moda y la industria alimentaria como las actividades económicas más contaminantes.
La producción de energía genera el 80% de la emisión de CO₂ que se vierte a la atmósfera. Se debe, fundamentalmente, a que la quema de combustibles fósiles continúa siendo el principal medio de generación de energía eléctrica. Cambiar el modelo energético tiene más calado del que pensamos. Ya no solo es que potenciemos las energías renovables, sino que la construcción y reforma de edificios más eficientes energéticamente reducen el consumo de energía en hogares y empresas, lo que beneficia al planeta.
El modelo de negocio fast fashion ha colocado a la industria textil en uno de los sectores industriales con un mayor impacto medioambiental. En la fabricación de ropa se utilizan cantidades ingentes de agua y productos químicos. Las emisiones de CO₂ se multiplican debido a que la producción de ropa se localiza en el tercer mundo y se consume, en lo principal, en el primer mundo. Con todo el transporte que viene asociado a esta alta movilidad de la mercancía.
Para fabricar unos pantalones vaqueros se emplean 7.500 litros de agua. El equivalente al agua que emplea una persona en 7 años de vida. A esto hay que añadir la compra compulsiva de ropa, que imponen las grandes marcas de la moda. Estas grandes empresas sacan entre 4 y 8 colecciones de ropa al año, frente a las dos temporadas clásicas que han regido tradicionalmente el sector: otoño-invierno y primavera-verano. La ropa que compramos un mes, a los dos meses se ha pasado de moda. Esta dinámica consumista multiplica los residuos textiles que generamos. Otro de los grandes problemas para el planeta.
Por otro lado, la industria alimentaria es otra de las fuentes de agresión del medioambiente. Para producir un litro de carne se necesitan 5.000 litros de agua. Algunas zonas del planeta no tienen soberanía alimentaria. Colombia, por ejemplo, es un gran productor de café y cacao, pero para dar de comer a su población, debe importar trigo, maíz y carne de los EE. UU.
Acciones para reducir la huella de carbono en una empresa.
Un empresario puede pensar que si su empresa no pertenece a uno de estos tres sectores, no es contaminante, pero se equivoca. Toda actividad económica y humana deja una huella de carbono. Un rastro de CO2 que va a parar a la atmósfera. El blog de la comercializadora eléctrica Novaluz publica un interesante artículo en el que sugiere acciones para que una pyme cualquiera genere cero huella de carbono.
Una de las primeras medidas que nos propone es la de utilizar equipos de oficina y maquinaria de bajo consumo eléctrico. La etiqueta de eficiencia energética la solemos ver en los electrodomésticos que tenemos en casa. En la lavadora o en el lavavajillas. Es una clasificación que va de la A a la G, siendo la A, la máquina que menos energía gasta y la G, la que más. Esta clasificación también está presente en los ordenadores o en las fotocopiadoras que tenemos en la oficina.
Aprovechar al máximo la luz natural, sustituir las bombillas tradicionales por bombillas LED e instalar sensores de movimiento que apagan la luz automáticamente cuando no hay nadie en la sala. Estas son otras medidas que ahorran energía y reducen la huella de carbono.
La digitalización de la documentación es otra medida clave. Se elimina el consumo de papel y permite un transvase y gestión más eficiente de todos los documentos que se utilizan en la empresa.
Promover el reciclaje y la reutilización en la oficina es una expresión consciente del compromiso medioambiental. Utilizar consumibles reciclables, que van desde los cartuchos de tinta recargables de la impresora hasta los vasos de celulosa de la máquina de café, reduce el impacto medioambiental de la vida diaria en los centros de trabajo. Si a eso añadimos un sistema de papeleras y contenedores bien señalados que faciliten la correcta separación de residuos, estamos asentando una cultura ecológica entre los trabajadores.
Con estas y otras medidas, toda empresa puede poner su granito de arena en mejorar el cuidado del planeta.
La economía circular.
Uno de los cambios más interesantes que está trayendo este cambio de paradigma al panorama económico y empresarial es el desarrollo de la economía circular. Un modelo de economía del que habla expresamente Worldlex, una consultoría global para empresas, con más de 10 años de experiencia y que presta una especial atención al tema medioambiental. En su página web señala que cualquier empresa puede sumarse al carro de la economía circular solo con poner en marcha un programa responsable de tratamiento de los residuos y/o con trabajar con proveedores que surtan consumibles provenientes del reciclado o la reutilización.
El periódico digital Diario Responsable señala que la economía circular se ha convertido en una herramienta para aumentar la competitividad en las empresas. Según el informe Global Circularity Gap Report 2026, de Deloitte, no utilizar modelos de economía circular supone pérdidas globales de 25,4 millones de euros al año, lo que equivale al 31% del PIB Mundial.
Las tres R del consumo sostenible, que inspiran el planteamiento de la economía circular, “Reciclar, Reducir y Reutilizar”, abogan por alargar la vida útil de cualquier máquina, dispositivo, objeto o material que se utilice en una empresa u oficina. Reduciendo, no solo los residuos que se generan, sino también los gastos de la empresa.
En muchos sectores como los plásticos, sobre todo PVC, el cristal, los metales, fabricar nuevos productos a partir de residuos reciclados requiere menos energía que fabricarlos desde cero. No solo no se malgastan los recursos del planeta, sino que obtenemos productos con la misma calidad y las mismas propiedades, a un menor coste.
La economía circular está tirando del I+D, desarrollando la investigación y la tecnología hacia la búsqueda de alternativas menos contaminantes, como los biocombustibles, una seria opción frente a la dependencia de los hidrocarburos.
Diario Digital indica que, aunque el reciclado sigue siendo una pieza clave en la economía circular, las circunstancias nos obligan a ir más allá. Con el reciclaje no basta. En la actualidad se imponen criterios como la trazabilidad de los materiales, trabajar con proveedores de proximidad o colaborar con gestores especializados en medioambiente, que a la larga van a reducir los costes de la empresa.
Normas que atañen a las empresas.
Muchos de estos cambios que se están dando en las empresas están motivados por novedades en la legislación. Sobre todo por la política medioambiental de la Unión Europea. Quien se ha propuesto ponerse a la cabeza en los objetivos de la Agenda 2030 que hacen referencia al medioambiente.
La UE emite directrices en materia medioambiental que luego los países miembros adaptan a su legislación interna.
Una de estas normas, dice el blog de la entidad bancaria Caja Siete, es la Ley 7/2021, que obliga a todas las empresas con más de 500 trabajadores a realizar un cálculo de su huella de carbono. Una medida que hasta ahora era voluntaria y se utilizaba a nivel interno, y que ahora pasa a ser obligatoria y puede ser exigida por las autoridades cuando lo consideren oportuno.
El etiquetado sostenible de los envases pasa a ser otra obligación para toda la industria. Ya no solo para la industria alimentaria o la que va orientada directamente al consumidor final. Los consumibles que vende o compra una empresa a otra empresa deben estar etiquetados con una información clara que especifique la composición del envase, cómo debe gestionarse hasta el final de su vida útil, e instrucciones precisas sobre el reciclado, en caso de que sea oportuno.
La Unión Europea está estudiando la posibilidad de imponer la recogida selectiva de residuos textiles. Una medida que no solo afectará a la industria, sino también al comercio especializado en moda. Desde las grandes cadenas distribuidoras hasta las pequeñas tiendas de ropa. Las cuales estarán obligadas a clasificar las prendas, retales y residuos de los que se desprendan, para facilitar su posterior reciclado.
La normativa medioambiental que afecta a las empresas está perfilada por ramas de la producción. De manera que cada una de estas ramas tiene una serie de normas específicas que solo les atañen a ellas. La industria farmacéutica tiene una normativa particular diferente a la de la industria alimentaria, por poner un ejemplo. Un panorama complejo que hace que sea recomendable para las empresas que recurran a auditorías particulares periódicas para evitar que cometan alguna infracción.
Nuevas tendencias.
El Observatorio 2030 afirma que, para el 56% de las pymes, el motor principal de la sostenibilidad es la demanda de sus clientes. Adoptar acciones respetuosas con el medioambiente se ha convertido en una cuestión básica para competir en el mercado. Comercializar los productos en envases reciclados o reciclables es una característica apreciada por muchos consumidores. Ante dos productos similares, con un precio parecido, la marca con un envase reciclado suele obtener más ventas que el que no lo tiene.
Otro de los valores en alza son los proveedores de proximidad, el km 0. Un detalle que no solo indica que se están haciendo esfuerzos por reducir la huella de carbono, sino que se está potenciando la economía local. Aquí, la conciencia medioambiental coincide con el compromiso social. Muchos consumidores no dudan en pagar un poco más si saben que lo que están comprando es de proximidad, frente a otro producto, algo más barato, pero que ha tenido que recorrer miles de kilómetros para llegar hasta las repisas del supermercado.
Cuidar las cadenas de suministro, para hacerlas más sostenibles es una de las tendencias que están cogiendo fuerza en este cambio del compromiso medioambiental de las empresas.
Otra de las tendencias en alza es la de una mayor transparencia. Aquí se combinan las exigencias legales, el informe del cálculo de la huella de carbono, del que hemos hablado antes, con la demanda de información por parte de los consumidores. A los compradores les interesa saber de dónde proviene lo que están comprando, cómo se ha fabricado, qué medidas reales se están tomando para proteger el medioambiente, etc.
Hoy, el adjetivo “ecológico” no es un argumento de venta. El compromiso que adquieren las empresas en cuidar el planeta debe corresponderse con los hechos, con frecuencia corroborados en datos e informes

