La rehabilitación me ha devuelto la movilidad en mi hombro

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No sé si sabes que de patosa a mí no me gana nadie. No, no exagero: soy lo más patosa que te puedas encontrar por la calle. Imagíname a mí, yendo con mi pareja el día de reyes, a dar un paseo en bici. Repito: a dar un PASEO en bicicleta. ¿Sabes que acabé en el hospital con una fisura de hombro? Allá íbamos mi esposo y yo, pasando por una rotonda, y salimos a una carretera llena de coches, así que intenté subirme en la acera… de una forma en la que giré la rueda y, en vez de subir, salí volando por encima de la bici y paré la caída con el brazo derecho.

Bueno, me dolió, no lo niego, pero fue como si un ardos fuerte e intenso me recorriese todo el brazo, paro ya está: no sentí un dolor exagerado que me hiciese pensar que me lo había roto. Llegué a casa, me tiré… pero el ardor no se iba, me costaba moverlo, no podía ni levantar el brazo más allá de la cabeza. Así que mi suegro, porque vivo con él, me aconsejó ir al hospital. Y menos mal que lo hice, porque tenía el hombro fisurado.

Ahí empezó mi calvario…

 

Dormir con un hombro fisurado es una pesadilla que no le deseo a nadie, de verdad

Hasta que algo te duele de verdad, no valoras lo fácil que es dormir, te lo juro por Dios. Yo pensaba que lo peor sería el golpe o tener que llevar el cabestrillo colgando todo el día (y sí, al final acabé también con dolor de cuello y con dolores cada X días por la tensión), pero lo peor llegó cuando intenté dormir la primera noche.

Intenté tumbarme boca arriba (que era lo que me habían recomendado en el hospital), pero el hombro seguía tirando: sentía una presión rara, como si el brazo me pesara el doble de lo normal. Si me movía un poco, aunque fuese sin querer, aparecía un pinchazo que me hacía abrir los ojos inmediatamente. Y claro, cambiar de postura tampoco era una solución, porque cada movimiento despertaba otra vez el dolor. O sea, que las primeras semanas apenas conseguí pegar ojo e iba en plan zombie de un sitio para otro.

Las noches fueron una batalla horrible, porque me dormía un rato, me despertaba, volvía a dormirme, me volvía a despertar… y así varias veces durante la madrugada. Al final terminaba mirando el techo, esperando a que el cansancio le ganara al dolor para poder descansar un poco.

Después de varios días durmiendo así, me sentía super mal y cansada, porque me levantaba cansada y sin casi haber dormido nada, con el hombro rígido y con la sensación de que la recuperación iba a ser muy lenta…

 

Vivir con un brazo que no responde como antes

Otra cosa que se me hizo cuesta arriba fue el día. Nunca sabes lo que usas una parte de ti hasta que ya no puedes usarla, y de verdad, hay un montón de movimientos que haces sin pensarlo con el hombro. Pero cuando de repente no puedes hacerlos, como me pasó a mí… te frustras y hasta te puedes llegar a sentir una verdadera inútil.

Por ejemplo, cargar peso se volvió imposible. Intenté levantar una bolsa de la compra y el hombro respondió con un dolor intenso que me hizo soltarla. No era un dolor muy fuerte, pero fue más que suficiente para que entendiera que cargar peso no era muy buena idea.

También descubrí que había muchas tareas de casa dependían del hombro más de lo que parece: alcanzar un armario alto, mover una sartén en la cocina, tender la ropa… Tenía que hacerlo todo con el otro brazo o pedir ayuda para algunas cosas.

Lo que más me molestaba en particular era la falta de fuerza. Intentaba levantar el brazo y se me quedaba a mitad, y sentía un tope que no me dejaba levantarlo más, incluso me dolía si lo intentaba. A ver, la idea era reposar el hombro un tiempo, pero hay cosas que haces casi sin pensar, y es en esos momentos cuando lo notas.

Y, ¿sabes?, es extraño sentir que una parte de tu cuerpo, que siempre funciona bien, de repente empieza a funcionar de otra forma… o directamente no funciona.

 

El dolor constante que me acompañaba todo el día

El dolor del hombro no era siempre el mismo, y eso era algo que me desconcertaba, porque había momentos en los que apenas molestaba, y pensaba que quizá ya estaba mejorando… pero luego hacía un movimiento un poco más amplio y me arrepentía, porque me daba un tirón y empezaba a dolerme otra vez durante varios días seguidos.

A veces era una sensación de ardor que me recorría el hombro hasta el brazo. Otras veces era un pinchazo concreto justo en la articulación. No era un dolor insoportable, claro que no, pero sí que era suficiente como para molestarme durante todo el maldito día.

Si te soy sincera, lo que más me inquietó fue lo rígido que se quedó, porque pensaba que ya nunca más iba a poder moverlo bien. ¿Y si, a pesar de mi edad, porque apenas tengo 34 años, ya no podía volver a levantar el hombro por encima de la cabeza? La verdad, tenía miedo…

Empezó a rondarme la idea de que, esto se quedaba así, iba a ser un problema en mi vida.

 

¿Te puedes creer lo que me dijo el médico?

Cuando llegó el día de la revisión, fui al médico con la esperanza de escuchar un plan para recuperar bien mi hombro. Yo esperaba que me hablara de ejercicios, de fisioterapia o de algún tipo de rehabilitación para recuperar la movilidad poco a poco. ¿No es lo que se hace en estos casos, mandar a la gente a rehabilitación?

La conversación fue muy distinta de lo que imaginaba. Cuando le pregunté por la rehabilitación, empezó a quitarle importancia al tema. Me dijo algo que todavía recuerdo y me da rabia: que si me picaba el culo, me lo rascara con el otro brazo. Después añadió que si necesitaba peinarme o hacer cosas cotidianas podía usar el brazo izquierdo y ya está. O sea, que me estaba diciendo que me hiciera a la idea de vivir con la articulación limitada, y que me quedase así porque sí.

Salí de la consulta bastante confundida. Aquello no me cuadraba demasiado, porque mi hombro estaba rígido y yo quería recuperarlo. Bueno, creo que todos querríamos recuperarlo, y que todos nos enfadaríamos con lo que me dijo el médico.

Buscando más información escuché otra explicación completamente distinta. En CRO Especialidades Dentales, expertos en odontología y rehabilitación de distintos tipos, me explicaron que esa idea es totalmente absurda, porque la movilidad se recupera poco a poco si se trabaja con los ejercicios adecuados. Quizá no vuelve al cien por cien, pero sí que puede llegar alrededor del 80% cuando se hace un trabajo correcto.

Después de escuchar eso, tuve bastante claro lo que quería hacer.

 

Decido ignorar ese consejo y empezar con la rehabilitación

Con toda esa información rondándome por la cabeza, tomé una decisión: si existía la posibilidad de recuperar movilidad trabajando el hombro, iba a intentarlo. La idea de dejar el brazo medio rígido para siempre me ponía triste, porque yo quería hacer muchas cosas, y no era justo.

Así que busqué un centro donde empezar rehabilitación. La primera sesión fue bastante curiosa, porque llegué pensando que aquello sería muy duro, con máquinas o ejercicios muy intensos, pero ellos fueron muy amables y empezaron explicándome paso a paso lo que íbamos a hacer para que estuviese tranquila y relajada.

Todo empezó con movimientos muy suaves, me dijeron que me olvidase de levantar peso ni hacer gestos bruscos de inmediato, que tenía primeor que hacer movimientos pequeños, lentos y controlados para que el hombro empezase poco a poco a recuperarse.

 

Los primeros ejercicios que hicimos en rehabilitación

Uno de los primeros consistía en dejar el brazo colgando y moverlo suavemente hacia delante y hacia atrás, como si fuera un péndulo. La mujer me dijo que ese movimiento ayuda a que la articulación se mueva poco a poco sin cargar peso.

Otro ejercicio era apoyar los dedos en la pared e ir subiéndolos poco a poco. La mano iba “caminando” por la pared mientras el brazo subía despacio. Cuando el hombro llegaba a su límite, se detenía y se mantenía ahí unos segundos para recuperar flexibilidad paulatinamente.

También hacíamos pequeños círculos con el brazo para trabajar la movilidad en varias direcciones, pero siempre con movimientos lentos, sin forzar y prestando atención a cómo reaccionaba el hombro.

Cada sesión incluía varias repeticiones de estos ejercicios, porque la idea era repetirlos muchas veces para que el cuerpo volviera a acostumbrarse al movimiento.

 

Entonces, empecé a notar que el hombro reaccionaba

Estuve semanas yendo dos o tres veces a rehabilitación, así que olvídate de que vas a ir uno o dos días y ya vas a tener el hombro recuperado. Esto no funciona así, el cuerpo necesita descanso y avance lento. Pero eso sí, un día levanté el brazo en casa y vi que subió un poco más que la semana anterior, y otro día hice un giro del hombro y el dolor era mucho menor.

También empecé a sentir menos rigidez al levantarme por la mañana. Antes parecía que el hombro no me funcionaba durante las primeras horas del día, y con los ejercicios, esa sensación empezó a desaparecer poco a poco.

Gracias a todo esto, empecé a confiar en que recuperaría la movilidad del hombro. Al principio tenía bastante miedo de mover el brazo, pensando que podía empeorar la lesión… pero con la rehabilitación fui perdiendo ese miedo.

Eso cambió mucho mi forma de moverme durante el día.

 

El día que levanté el brazo más alto que nunca desde la caída

Hay un momento que recuerdo perfectamente durante la rehabilitación: estaba haciendo uno de los ejercicios de levantar el brazo hacia arriba apoyando la mano en la pared. Había repetido ese movimiento muchas veces y siempre se quedaba en el mismo punto.

Ese día empecé el ejercicio, como siempre, y fui subiendo los dedos poco a poco, como de costumbre. Y, cuando llegué al límite habitual, pensé que el movimiento se detendría ahí, como siempre había pasado. Pero el brazo siguió subiendo un poco más…

No fue una diferencia enorme, solo unos pocos centímetros, pero había subido un poco más y, y eso me hizo ponerme muy, muy feliz, porque e empezaba a tener movilidad, ¡por fin! Ese momento fue muy motivador, porque confirmaba que todo el trabajo de las semanas anteriores estaba dando resultado.

 

Recuperar movimientos cotidianos que había perdido

Con el paso de las semanas empecé a recuperar movimientos que antes pensaba que jamás iba a poder hacer de nuevo.

Uno de los primeros fue levantar el brazo lo suficiente para coger algo de una estantería. Antes ese gesto se quedaba a mitad.

Otro momento curioso fue volver a peinarme con el brazo derecho. Durante bastante tiempo había usado solo el izquierdo porque el hombro no respondía, recordando una y otra vez las palabras del médico. Cuando pude hacerlo otra vez con normalidad sentí que estaba recuperando una parte de mi rutina.

Estos pequeños avances cambiaron mucho mi día a día, porque todo eso significaba un paso más para recuperarme.

 

La rehabilitación me devolvió gran parte de la movilidad

Después de varias semanas de ejercicios, el cambio fue bastante evidente. El hombro ya no estaba rígido como al principio y el rango de movimiento era mucho mayor, podía levantar el brazo, girarlo y hacer muchos movimientos cotidianos con bastante más comodidad.

Todavía sentía alguna molestia en ciertos gestos, algo bastante normal después de una lesión así, pero la diferencia con los primeros días era enorme, y el brazo volvía a sentirse parte de mi cuerpo, y no una articulación que jamás podría volver a utilizar.

La verdad es que me alegro de no haberle hecho caso al médico que me atención, porque es verdad que la rehabilitación fue lo que me ayudó a recuperarme. Sin esos ejercicios probablemente el hombro habría quedado mucho más limitado de lo que lo tengo. No pienses que tengo la articulación 100% recueparada, porque hay ciertos límites que sigo teniendo…

… pero, ahora… estoy mucho más sana y completa. Y la diferencia se nota.

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