Las escaleras son ya parte de nuestro día a día, pero no debemos olvidarnos de que pueden terminar siendo una barrera importante cuando tenemos problemas de movilidad.
Es un hecho que, si se ha visto una persona sometida a una operación, lesión, enfermedad crónica o el mismo envejecimiento, ello puede terminar haciendo que subir y bajar varios peldaños deje de ser una tarea fácil. En estos casos, una silla salvaescaleras es de gran ayuda si se quiere mantener el acceso a la totalidad de plantas de la vivienda sin que ello suponga tener que reformar por completo la casa.
No hablamos solamente de confort. El poder desplazarse con seguridad por el hogar tiene gran influencia en la autonomía, el estado de ánimo y en que se puedan seguir usando espacios que antes eran habituales.
Una de las soluciones en este sentido se debe ver de manera individual, siempre pensando en las escaleras, las capacidades de las personas y el resto de las necesidades que haya en la casa.
¿Qué es una silla salvaescaleras?
Las sillas salvaescaleras son un equipo motorizado que se compone, por lo general, de un asiento, un sistema de desplazamiento y un raíl que queda fijado a la escalera.
Los usuarios se sientan, se abrochan el cinturón y manejan el movimiento gracias a un control que suele ser sencillo. La silla va subiendo o bajando siguiendo el recorrido que marque la guía, con una velocidad moderada y unos mecanismos que irán destinados a su mantenimiento ante una serie de obstáculos.
Se distingue de una plataforma en que la silla está ideada para las personas que se pueden sentar y levantar con algo de autonomía, aunque cuenten con limitaciones para poder andar por las escaleras.
Las plataformas, en cambio, hacen posible que se transporte una silla de ruedas y demás elementos voluminosos, necesitando un mayor espacio útil a lo largo del recorrido.
El raíl es posible instalarlo en un tramo que sea recto o hacerse para que pueda seguir curvas, rellanos y cambios de pendiente. Hay también modelos que están listos para exteriores, en los que los materiales y sistemas de protección tienen que soportar sol, lluvia y variaciones de temperatura. Una buena elección no debe hacerse nunca por una foto o por el precio que cueste inicialmente.
¿Cuándo puede ser útil?
Para bastantes familias, este tipo de necesidad es algo que aparece luego de que se produce una caída o una operación. Otras veces se detecta poco a poco, ya que la persona comienza a evitar subir a la planta de arriba, se apoya mucho en la barandilla o tarda cada vez más en subir.
Lo mejor no es tener que esperar a que suceda un accidente, en especial cuando la escalera es estrecha, empinada o no tiene una buena iluminación.
La silla es de gran utilidad para las personas de edad avanzada, los usuarios que tienen movilidad reducida o los que se están recuperando de una lesión y no pueden cargar todo el peso sobre una sola pierna.
Del mismo modo, también hace posible que las personas sigan viviendo en su casa en vez de trasladarse a otra vivienda por una barrera en concreto. Por lo general, se debe producir una valoración profesional en el caso de que haya problemas importantes de cara a sentarse, mantener el tronco erguido o que se produzca la transferencia al asiento.
En nuestro caso, buscamos en Internet y optamos por Total Access, que nos ofreció el asesoramiento para ver qué era lo mejor para nuestra vivienda, así como la instalación y mantenimiento de sillas salvaescaleras. Contaban con modelos para tramos rectos, pero también curvos e incluso escaleras exteriores, por lo que optamos por los dos primeros en nuestro chalet, que es de grandes dimensiones.
Beneficios para la salud y el bienestar
Uno de los beneficios más claros es que se reduce el esfuerzo cuando se trata de salvar un desnivel. Para las personas que tienen dolores, debilidad en los músculos o falta de equilibrio, esta es una diferencia que puede acabar evitando que una actividad cotidiana pase a ser una situación de riesgo.
La silla no va a tratar la enfermedad ni la mejora por sí misma, pero se elimina una exigencia en concreto del entorno.
Del mismo modo, también ayuda a que haya menos riesgo de caerse. Como es lógico, después de que se produzca un accidente, suele ser normal que aparezcan las inseguridades y que las personas limiten los movimientos hasta cuando podrían hacer más a nivel físico.
Contar con un medio estable para cambiar la planta lo que ayuda es a que se recupere la confianza y a usar con normalidad el baño, el dormitorio, el despacho o cualquier otra estancia.
La autonomía cuenta con una dimensión emocional. Cuando se depende de otra persona para poder subir a una habitación, esto puede llegar a frustrar a muchas personas, así como a generarles vergüenza o sensación de haber perdido el control.
Si se hace el trayecto de manera independiente, ello favorece la intimidad y permite que se pueda organizar el día con una menor ayuda a nivel externo.
Por todo ello, la silla salvaescaleras no puede sustituir al ejercicio recomendado por parte de los profesionales sanitarios.
Cuando el usuario puede caminar, lo mejor es que se mantenga la actividad segura que indiquen los fisioterapeutas o médicos. El equipo vale para que se pueda superar una barrera, no para evitar todo movimiento.
A pesar de todo, una silla salvaescaleras debemos recordar que no tiene que sustituir de ninguna manera al ejercicio que recomiendan los profesionales sanitarios. Cuando el usuario puede caminar, lo mejor es que se mantenga la actividad segura que sea la indicada por los médicos o fisioterapeutas. El equipo va a servir para que se pueda superar una barrera, no para evitar todo tipo de movimientos.
Estamos ante una solución a los problemas de movilidad de muchas personas y lo cierto es que cada vez se recurre más a ellas. A las personas cada vez les cuesta más decir “no” a su hogar cuando pueden tener una buena solución para poder acceder a o moverse a otras plantas de la casa.

